Vinos de Jerez – Manzanilla

Manzanilla wine

Vinos de Jerez – Manzanilla

La manzanilla es un vino blanco y seco elaborado a partir de la uva jerezana por excelencia, palomino, y envejecido bajo una capa de levadura llamada velo de flor. Su producción se da en exclusividad en bodegas de la ciudad gaditana de Sanlúcar de Barrameda, bajo el Marco de Jerez y el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda.

Debido a las características del clima de la ciudad, en la costa del Océano Atlántico y en la desembocadura del río Guadalquivir, el caldo madura de una forma peculiar que lo hace diferenciar del resto de vinos del Marco. Las marismas junto a la ciudad que dotan de ausencia de relieve a la zona tienen también una influencia a destacar en el resultado final.

Es un vino pálido, de color amarillo pajizo y brillante. De aroma punzante y aflorado, que hace recordar a la almendra y la panadería. Al paladar, es fresco y delicado, suave y ligero, a pesar de su final seco. Posee una graduación que según su regulación puede oscilar entre un 155 y 17% de alcohol en volumen. Se debe servir muy frío, entre 6º y 8º C.

La manzanilla al igual que el vino fino es un vino ideal para el acompañamiento de todo tipo de tapas, especialmente aquellas con ingredientes provenientes del mar como el marisco. De igual forma, acompañan de forma brillante a salazones y embutidos. Gambas, mojamas, o boquerones en vinagre son también alimentos ideales para su acompañamiento. El típico “pescaito” frito de Cádiz, arroces con mariscos, o pescados cocinados al horno son platos estrellas con lo que acompañarlo. Un buen salmorejo andaluz, pimientos asados de Conil o cualquier tipo de ensaladas son, de igual forma, platos que le viene muy bien.

La realidad es que los matices que diferencian al Fino de la Manzanilla son mínimos ya que surgen de la misma uva y proceso de elaboración. En Jerez sin embargo, el velo de flor desaparece por efecto del calor y la manzanilla se convierte en fino. Mientras que en Sanlúcar de Barrameda, el velo aguanta todo el año, gracias al clima suave que impregna el Guadalquivir. Estos pequeños matices afectan al color y aromas de ambos que suelen ser ligeramente distintos al bebedor experimentado.

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